Los guardianes del Legado en el siglo XXI
Santiago Ramón y Cajal no solo dejó dibujos y teorías; dejó una forma de mirar el mundo. Los Cajalianos Ilustres son personalidades destacadas —científicos, humanistas, médicos e historiadores— que encarnan hoy los valores de Don Santiago: excelencia, independencia de juicio y amor a la verdad. Ellos son la prueba viviente de que la Escuela de Cajal sigue transformando el futuro.
Contribución al Legado Cajal: Si Cajal exploró el universo de las neuronas, el Dr. Martínez Frías aplica esa misma curiosidad insaciable a la exploración del Universo físico. Es el máximo exponente español en Geología Planetaria y Astrobiología, llevando la ciencia española a misiones de la NASA y la ESA. Su figura encarna la interdisciplinariedad que Cajal defendía: la unión de la geología, la biología y la ética. Como presidente de la Comisión Internacional de Geoética, defiende una ciencia con conciencia, protegiendo tanto nuestro planeta como los mundos que estamos por descubrir.
Temas de Conferencia:
Marte y la Tierra: Análogos terrestres para entender el Planeta Rojo.
El Origen de la Vida: Meteoritos, astrobiología y la búsqueda de nuestros orígenes.
Geoética: La responsabilidad del ser humano en la exploración espacial.
Jesús Martínez Frías es Doctor en Ciencias Geológicas y experto en Meteoritos, Geología Planetaria y Astrobiología. Desarrolla su labor investigadora en el Instituto de Geociencias (IGEO), centro mixto del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid.
Es el fundador y presidente de la Red Española de Planetología y Astrobiología (REDESPA), la principal plataforma que aglutina a los investigadores del espacio en España. Su trayectoria internacional es sobresaliente, habiendo participado en misiones de la NASA (como el rover Curiosity) y de la ESA, y siendo instructor de astronautas en el Geoparque de Lanzarote.
Además de su labor científica, es un líder mundial en pensamiento ético científico, ocupando la presidencia de la Asociación Internacional de Geoética (IAGETH). Su trabajo demuestra que la excelencia científica española no tiene límites, ni siquiera el cielo.
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